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El ángel de la música

Pocos se refieren a mí por este nombre, más bien soy conocido por todos como el fantasma de la ópera. En esta instancia les contaré cómo llegué a llamarme de esta forma. Durante el siglo XX, al interior de la ópera de París existían rumores sobre un ser de aspecto catastrófico que rondaba por los palcos y pasillos del recinto. Su rostro se asemejaba al de una calavera, tenía cuencos oscuros y profundos por ojos, y una nariz alargada que lo hacía parecer un verdadero esqueleto. Este funesto sujeto al que todos le tenían pavor o simplemente le temían, era yo. Pero, ¿cómo había llegado a esta posición?  Para comenzar, me gustaría aclarar que yo fui más un simple fantasma, yo existí realmente en carne y hueso. Desde mi niñez mi rostro fue aborrecido, por lo que huí de la casa de mi padre muy joven. Circulé desde Europa hasta Asia sin rumbo fijo, hasta que fui a parar con el sah de Persia, a quien construí los más bellos palacios, pero dicho monarca sintió miedo de que yo construye...

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